La respuesta de Andrés Manuel López Obrador contra
Miguel Ángel Yunes fue contundente, es cierto que el lamentable y vergonzoso
suceso en el que la diputada veracruzana por MORENA, Eva Cadena, es evidenciada
tomando dinero de cuestionable procedencia para un supuesto apoyo al líder
nacional de dicho partido, AMLO, salpicó de manera indirecta, aunque no
contundente al tabasqueño. También es cierto que la implicada ahora enfrenta un
proceso político que muy probablemente acabe con su carrera en el corto plazo,
y también es cierto que no hay manera de atribuir, hasta estos momentos,
imputación directa contra López Obrador por tan ignominioso suceso que pone en
evidencia nuevamente la corrupción que impera en nuestro sistema político. No
obstante, y a pesar de que la culpa ha sido asumida en su totalidad por la
diputada, “El Peje” atribuyó la maquinación de la trampa a su rival en aquél Estado:
Miguel Ángel Yunes, y a quien le ha dedicado la presentación en medios de
comunicación y que además un tanto más fue enviado el mismo presidente de la
república, de la llamada “Carpeta Azul”, un extenso documento de 147 fojas que
detallan enriquecimiento ilícito del ahora gobernador de Veracruz, así como
otras atrocidades que ciertamente ponen los pelos de punta a cualquiera que se
atreva a leer dicho documento. El contenido es bastante específico, señala
sucesos como la acusación de pederastia contra Yunes presentada por la
periodista Lydia Cacho y documentada en su libro “Los demonios del Edén”,
también se menciona el saqueo a las arcas del ISSSTE durante la dirección del
mismo aludido, además de propiedades como un condominio con un valor de más de
45 millones de pesos, casas con costos millonarios, locales comerciales, un
departamento en Nueva York, ranchos, yates, inmobiliarias y una sarta de
propiedades y negocios que simplemente no pueden ser explicados en su totalidad
con el sueldo de un funcionario de alto nivel. Más que una carpeta de
evidencias de corrupción, es una respuesta contundente y agresiva que no solo
pone en evidencia al gobernador veracruzano, sino que desnuda una realidad que
de pronto olvidamos: la terrible y compleja red de corrupción que se puede
tejer al amparo del poder y peor aún, la impunidad de la que gozan estos
individuos a pesar de ser señalados públicamente y no poder responder sobre
este tipo de enriquecimiento suspicaz. Pero vayamos más allá de lo que parece
ser, pues esto no es más que un pequeño “round” entre dos políticos en el que
están midiendo su músculo invectivo a la hora de evidenciar al más corrupto. Y
este juego de quién posee mayor información para usarla en el momento indicado
es solo eso, un juego que no trasciende, que genera morbo, espectadores que
esperan la respuesta de uno y luego del otro para decretar un ganador, pero en
el transcurso de la batalla se ahoga en el espectáculo el verdadero problema
que nos hunde como nación: la corrupción. Aquí no se trata de Duarte, de Yunes,
de Yarrington, de Medina, se trata de un mal generalizado que sigue incólume a
pesar del poder de la transparencia y el acceso a la información, se trata de
un cáncer que va más allá del espectáculo, se trata de un fantasma que está en
todos lados, que se niega a desaparecer y que está arraigado en lo más profundo
de nuestra cultura y nuestras instituciones. La carpeta azul nos recuerda cuál
es nuestro verdadero enemigo, la carpeta azul nos deja ver nuestra triste y
dolorosa realidad: la corrupción y la impunidad.