Se trata de una iniciativa que suena absurda: dejar en el cargo de la gubernatura a las esposas de los actuales gobernadores una vez que los primeros terminen su mandato constitucional. Dos casos resuenan: Nuevo León y San Luis Potosí. En San Luis ya entró en vigor la “Ley Ruth” que busca que la próxima candidata a gobernadora por el PVEM en esa entidad sea Ruth Gozález Silva, la esposa del llamado “gober precioso”. Si bien es cierto en estos tiempos la importancia del género es trascendente y asegura que las mujeres tengan espacios políticos de decisión, la realidad es que la idea de que las cónyuges de los gobernadores continúen en el poder es nepotismo puro.
Al respecto, la presidenta Claudia Sheinbaum ha sido categórica al señalar que no hacen falta ese tipo de leyes, ya que en la actualidad el INE ya incluye paridad de género en los puestos de elección ya que obliga a los partidos a proponer a la mitad de las mujeres y hombres en la totalidad de las candidaturas en cualquier tipo de elección. De todo esto se invalida la idea de la alternancia hombre-mujer, mujer-hombre en elecciones inmediatas, que suponía que en cada municipio debe alternar alcalde, alcaldesa, alcalde, alcaldesa y así sucesivamente por siempre, lo mismo con las gubernaturas de los Estados, lo cual atenta contra la voluntad popular del pueblo que pudiera decantarse por candidatos idóneos y no poder votarlos solo por el hecho de que tienen que elegir por un sexo determinado. Al final, la ley esposa se trata de un acto puro de nepotismo que busca aprovechar la brecha que ha dejado abierta la prohibición de sucesión en cargos públicos por familiares que entrará en vigor hasta 2030.
Por otro lado, resuena el caso del gobernador de Nuevo León que se sabe a todas luces ha intentado colocar a su esposa en cargos de elección popular cuando ella compitió por la alcaldía de la ciudad de monterrey de manera infructuosa; lo cual nos permite ver que podría intentar dejarla como sucesora de su actual mandato y aprovechar el sesgo de los cuatro años faltantes para la prohibición del 2030. Sea cual sea el caso, la ley esposa es un claro ejemplo del nepotismo que buscamos erradicar para tratar de evitar que la política se vuelva un negocio familiar generacional. No me sorprendería que llegado el momento la esposa de un gobernador se divorciara en el último año de gobierno de su marido para con ello evadir la prohibición del nexo familiar que a partir de 2030 prohibirá el nepotismo; pero esa ya sería otra historia y otra manera de tratar de burlar la ley, por lo pronto, en lo que falta para ese año, en 2027 tendremos 17 elecciones para gobernador y podríamos ver intentos de perpetuidad familiar amparados en medidas tan absurdas como la llamada ley esposa.
Al final, la ciudadanía será el último dique que pueda evitar actos de nepotismo de gobernadores que ansían seguir ejerciendo el poder a través de sus cónyuges. ¡No todo está perdido!