El lamentable suceso ocurrido en Michoacán en que dos maestras fueron ultimadas a balazos por un alumno vuelve a enlutar al gremio docente en México y a encender las alarmas sobre lo riesgoso que resulta la labor docente en nuestro país. Hay dos grandes rubros que deben ser analizados tras este fatídico suceso, el primero es la salud mental de las y los estudiantes y las medidas de protección para docentes que deben tomar las autoridades para intentar disminuir estos lamentables sucesos que no son los primeros y nada parece indicar que serán los últimos.
Sobre el primer tema relacionado con la salud mental, hay que señalar que según satos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 10% de las y los adolescentes presentan este tipo de problemas; y para el caso del alumno que atentó contra las maestras, según manifiestan autoridades de la institución educativa, se trataba de un alumno regular, sin antecedentes de expulsión o mal comportamiento, por ello resulta un tanto confuso en las primeras indagaciones estipular una causa que haya originado el asesinato, y todo esto ante las declaraciones de la fiscalía de que el atentado fue directo, es decir, los objetivos eran las maestras y nadie más, por lo que definitivamente existe un móvil aunado a la cuestionable salud metal de alguien que se atreve a ultimar a dos personas a sangre fría. Cabe mencionar que previamente el alumno había subido a sus redes imágenes sosteniendo el arma homicida y anunciado que “había llegado el día”. Ante lo sucedido el gobierno federal menciona que cuenta con un programa intensivo de atención a la salud mental en adolescentes, el problema es que no podemos estar viviendo estas calamidades para comprobar que realmente funciona.
Aquí hay muchos puntos que cuestionar y sobre todo fortalecer: los programas de salud mental necesitan forzosamente del apoyo de los padres, y es cuestionable que la madre del joven desconociera totalmente que este tuviese un arma de fuego de uso exclusivo del ejército. Hay que reforzar el compromiso de los padres con la atención hacia sus hijos; otro punto que también debe reforzarse es el monitoreo de las redes sociales, pues en el momento en que sube imágenes con armas de fuego, siendo menor de edad y el arma de uso exclusivo del ejército, no puede pasar desapercibido ni por familiares ni amigos no por autoridades, por ello se debe invitar a la denuncia anónima cada vez que estas publicaciones aparezcan.
Por otra parte, como medida de protección para docentes se deben incrementar los operativos mochila de manera permanente y periódica, incluso escáneres en las entradas de los centros educativos, nunca se sabe hasta que punto un alumno guarde rencor contra un docente que le pudo haber llamado la atención o haber otorgado una mala calificación, también que cada escuela cuente con personal profesional capacitado para evaluar a cada alumno de nuevo ingreso, y mucha más acciones que se debe tomar y que requieren recursos y voluntad política.
Antes lo peor
para un docente era que un alumno resentido le rayara el vehículo o le arrojara
huevos a su casa, hoy en día, las agresiones se han vuelto exponenciales y la
labor docente es altamente riesgosa y se deben tomar medidas tanto para protegerlos
a ellos como a toda la comunidad estudiantil.