The Dope: The Real History of the Mexican Drug Trade, es un libro del historiador Benjamin T. Smith que comencé a leer y que explica en pocas palabras la forma en que el negocio del narcotráfico creció en México a través del tiempo hasta llegar al escenario que tenemos hoy en día. Las premisas son básicas: protección política interna y demanda internacional creciente. No somos un país productor, somos un país de tránsito y aquí se quedan las ganancias de la venta, y este negocio prosperó a partir de los años cincuentas en México con la protección de los gobiernos priístas que desde luego se llevaban su tajada de recursos, por ello había paz, pero era una paz endeble, frágil, una paz en forma de negocio que debía sostenerse con acuerdos políticos. El que un Estado tenga una aparente seguridad no significa que tenga una estrategia de seguridad exitosa, puede ser que exista un pacto o peor, un monopolio del negocio del narcotráfico.
La idea me asaltó hace unos meses que degustaba unas bebidas con unos amigos en la banqueta en determinada colonia y a media cuadra una casa en aparente abandono, pero con tipos afuera sentados esperando a que llegaran clientes para la venta de droga; y lo peor es que no había temor a una posible llegada de cuerpos de seguridad, sobre todo cuando el “punto” estaba en la entrada principal de la colonia. Demasiada osadía o evidente contubernio entre crimen y autoridad, parecía más lo último. Pareciera entonces que las autoridades estatales dominan un negocio y por ello aseguran la paz de tal manera que politizan es estado de tranquilidad como arma electoral, ya bastante trillada, pero que al parecer les sigue funcionando.
The Dope habla sobre esta protección y un mercado estadunidense cada vez más exigente que hasta el momento sigue reclamando su respectivo suministro. Smith no habla al vacío, se trata de un análisis de archivos de más de 100 años. Al respecto; historiadores, analistas políticos e informes de agencias de inteligencia han documentado que, durante las décadas de los 60 y 70, el gobierno mexicano encabezado por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) operaba un sistema de protección y control sobre el narcotráfico caracterizado por un pacto de no agresión, monopolio y control vertical. Basta recordar a Arturo Durazo Moreno, el Negro Durazo, el súper policía de José López Portillo, quien se encargaba personalmente de ultimar a extranjeros que querían arrebatar el monopolio de la delincuencia al Estado mexicano. Prácticas muy similares pudieron haberse trasladado a un Estado con casi 100 años del mismo gobierno heredero de ese tipo de “estrategias”.
No aseguro que así sea, pero lo que vi en días pasados refuerza esta teoría: un Estado que usa el aparato de seguridad para lucrar con un negocio ilícito y con ello garantizar una paz totalmente aparente, y con elementos tan intimidantes que violan sistemáticamente los derechos humanos de los ciudadanos coahuilenses. The Dope y lo que se ve en las calles tienen mucha relación.