Después de tres meses de ausencia producto de una licencia para separarse del cargo ante las acusaciones del gobierno estadunidense; Rubén Rocha Moya, gobernador de Sinaloa, sorprendió a la nación con su mensaje: “El día de hoy he retomado el ejercicio de mi cargo de gobernador”; haciendo acto de presencia en palacio de gobierno. Además, afirmando que la Fiscalía General de la República (FGR) le había comunicado que no había elementos para sostener las acusaciones lanzadas por los Estados Unidos.
Ante esta lamentable y cuestionable situación; la respuesta de la FGE fue que las investigaciones sobre la denuncia siguen en curso por lo cual se desmiente lo dicho por el gobernador; además, no tardó mucho tiempo en que los gobernadores de su partido cerraran filas en cuanto a su retorno, así como el grupo parlamentario de morena en el congreso al afirmar que: Rocha Moya “debe reconsiderar su decisión” en un duro comunicado. “Ningún interés o circunstancia personal debe comprometer los intereses superiores de la nación ni afectar la relación de México con otros países”.
Por su parte, los 23 gobernadores señalaron que: “Hacemos un llamado al Dr. Rubén Rocha Moya a la madurez y la responsabilidad”. Finalmente, la mandataria Sheinbaum tomó la decisión de no respaldar el retorno del gobernador al afirmar que “Ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la Nación. Y mucho menos cuando aquello que se pretende colocar por encima de México no es el bienestar de su gente, sino la ambición desnuda del poder por el poder”. Con estas declaraciones de la élite política morenista, Rocha Moya no tuvo más remedio que recular y solicitar nuevamente licencia por tiempo indefinido. Este bateo político que sufrió el gobernador fue la mejor decisión que la presidenta pudo haber tomado, sobre todo en momentos en que su popularidad está por las nubes y que se debe reflejar en acciones concretas como el rechazo a posibles nexos de la delincuencia con políticos de su mismo partido. El respaldo a ciegas y solo por afinidad política solo vuelve cómplice a quien lo impulsa, por ello el retorno de Rocha Moya era inconcebible.
Sobre el gobernador sinaloense pesan acusaciones serias por tener presuntos vínculos con una facción del Cartel de Sinaloa, que pagaba a los servidores públicos con sobornos. Ante esto la separación del cargo era imprescindible y su retorno al poder con carpeta de investigación abierta, intolerable. Hasta que las investigaciones queden concluidas, o hasta después del proceso electoral del 2027 sabremos el destino final del gobernador.
Por lo pronto, otra licencia más por el bien de Sinaloa que en estos momentos arde en violencia y por la estabilidad del partido en el poder con miras al proceso electoral del año entrante.