El martes 3 de noviembre fue un día fatídico -políticamente hablando- para el presidente Trump y los republicanos. Hasta el cierre de este artículo, en la cámara alta los demócratas ganaron la mayoría con 54 escaños vs 44 de los republicanos quedando aún dos miembros por asignar. En la cámara baja los demócratas también ganaron con 240 vs 147 escaños republicanos quedando aún 48 por asignar. En términos generales, los demócratas se llevaron la victoria en estas elecciones legislativas intermedias. Dentro de los resultados hay que resaltar que también hubo elecciones para elegir gobernadores en Texas, California, Florida y Nueva York. En Estados como Texas los demócratas hicieron pedazos el dominio republicano de 32 años sobre los cargos estatales en el que había sido, hasta el martes, el estado conservador más poblado del país. Sucedió lo mismo en Illinois Nueva York y Georgia, no obstante, en Florida los republicanos tienen nuevo gobernador.
Más allá de estos resultados, y más allá de los festejos por la victoria en el congreso por los demócratas, existen dos realidades que me parece importante destacar: I. El hecho de que Trump perdiera el dominio del congreso lo debilita, pero no lo derrota, porque continua con el privilegio del poder del veto ante cualquier ley emanada del próximo congreso de mayoría demócrata, es decir, que las cosas no necesariamente van a cambiar. El nuevo congreso deberá comenzar a negociar sobre temas como la reevaluación de la financiación militar para Israel y el control de la guerra contra Irán, así como reparar los importantes recortes que los republicanos hicieron a programas de atención médica como Medicaid, que utiliza la población de bajos ingresos, y el mercado de seguros del programa conocido como Obamacare.
Y en el caso de que estas negociaciones condicionadas por el poder del veto del presidente no funcionaran, se tiene la opción de intentar resolver esto mediante litigios y obligar a los tribunales a que resuelvan la situación, cosa que no ha sucedido en estos años anteriores porque el congreso era dominado por los republicanos y no hubo necesidad de intervención judicial. II. Finalmente, y lo que me parece más importante y realmente esperanzador, es que estas elecciones son un referendo hacia la actuación del presiente, es decir, es la evaluación de su gestión y por ello tienden a ser una esperanza de que los demócratas recuperen la presidencia dentro de dos años y con ello lograr todas las promesas que hicieron en campaña: investigar la corrupción; reducir los costes de la salud, los alimentos y la gasolina; poner fin a la guerra con Irán; etcétera. Por lo pronto el pueblo de los Estados Unidos le ha dado a Trump un revés político bastante serio rechazando su gobierno y dejando ver la muy seria posibilidad de que la presidencia cambie de partido en un par de años más.