La tómbola en la cual Guadalupe Taddei fue electa presidenta consejera del Instituto Nacional Electoral (INE) hace tres años no resultó tan efectiva, pues justo este 26 de octubre la consejera presidenta ha renunciado en medio del escándalo más grande de corrupción o conflicto de intereses en la historia del INE. Hay que decirlo como es, las instituciones no son culpables de las personas que las ocupan, una institución no es generadora de corrupción, pero definitivamente sus ocupantes temporales en ocasiones no resisten la tentación de abusar de la autoridad concebida y con ello comenzar a transgredir la ética profesional y las buenas prácticas que deben caracterizar a un funcionario público.
Guadalupe Taddei llegó al INE luego de un desgaste institucional provocado por figuras como Lorenzo Córdova en medio de altos sueldos y clara simpatía por la ultraderecha en México. Recibió el apoyo total de morena y llegó con un discurso anticorrupción y apegado a la austeridad que siempre ha pregonado la izquierda gobernante. Comenzó por reducirse el sueldo y ser la consejera que menos ganaba para ser congruente con la austeridad republicana, pero al paso de tres años no pudo resistir la seducción de la corrupción y comenzó a privilegiar contratos con amigos dueños de empresas proveedoras de material electoral y hasta triangulación de recursos que han provocado su salida del instituto justo a inicios del proceso electoral del 2027.
Su cercanía evidenciada con un contratista que se ha llevado contratos de más de 500 millones de pesos en el último año ha metido al INE en una crisis de credibilidad nunca antes vista. Y desde luego, también pone en tela de juicio el procedimiento “pulcro” que aseguraba los mejores perfiles para ocupar los más altos cargos en el instituto. Para este supuesto conflicto de intereses la consejera presidenta tuvo que esperar las reformas de 2024 que también le dio una leve modificación a la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales en donde se le dieron poderes especiales a la presidencia del consejo general, como por ejemplo nombrar a directores ejecutivos y titulares de unidades sin el candado de la aprobación de 8 de los 11 consejeros, con ello pudo colocar directamente a gente de confianza como el titular de la dirección de administración de la que dependen los procesos de licitación y el manejo del jugoso presupuesto de 12 mil millones de pesos.
Así, con ese poder pudo realizar convenios con amigos para poder llevar a cabo contratos millonarios además de señalamientos de tráfico de plazas, aviadores y la recomendación de sus proveedores a los OPLE en los Estados, desde luego cargados también de corrupción. Más allá de lo que determinen las investigaciones, Taddei ha renunciado y el procedimiento de la tómbola nos quedó a deber, anticipo que vendrá otro proceso para tratar de remediar la hemorragia con un curita.