A unos días de concluir las campañas políticas para renovar el poder legislativo en Coahuila y más allá de lo que las encuestas dicen, hay un tema que simplemente estuvo fuera del proceso electoral en esta ocasión: los debates electorales entre las y los candidatos de los diversos partidos políticos en contienda. En lo personal vi algunos candidatos presentando propuestas que corresponden a candidatos a alcaldías, es decir, pareciera que no tienen idea de las funciones de un diputado estatal; quizá por ese nivel de propuesta el Instituto Electoral de Coahuila (IEC) quiso ahorrarse un escenario paupérrimo de intercambio de ideas entre aspirantes y evitarles la vergüenza, o quizá otros motivos subrepticios hicieron que el IEC simplemente optara por no organizar ningún debate político en este proceso electoral.
Sea cual sea el motivo, la realidad es que los debates son un espacio importante de presentación de ideas que permiten un comparativo real para que la ciudadanía pueda tomar una decisión a la hora de ejercer su derecho al voto. Es cierto que en este país los debates terminan siendo más un show que un escenario de presentación y defensa de ideas, que se vuelven más un momento especial para que las y los participantes expongan sus escándalos, falencias o en palabras triviales: “la cola que arrastran”, y al final termina siendo más un espectáculo morboso que analítico, pero no por ello deben minimizarse y consecuentemente prescindir de los mismos.
Al final habrá personas con alto raciocinio que los usen verdaderamente para tomar una decisión electoral y solo esto último los debates electorales deben ser una realidad en cada proceso electoral en cada ámbito de gobierno independientemente del nivel de cultura política con que cuente la población. En este escenario de ausencia de debates el único responsable sin duda alguna es el IEC, que como autoridad electoral debió programar los debates en los diversos distritos del Estado, a menos que cierto temor a exponer candidatos oficiales frente a opositores haya sido el motivo de que la autoridad electoral se haya reservado el desarrollo de debates.
En este escenario preocuparía la imparcialidad del instituto, pero esperemos que solo haya sido un desdén por uno de los elementos más importantes de toda democracia: el dialogo y el intercambio de ideas, y aún en este último caso, el IEC quedaría como inepto para cumplir con una de sus funciones principales: el fortalecimiento de la democracia electoral. Solo para que la autoridad lo recuerde; los debates tienen muchísimos beneficios, entre ellos: El voto informado: derivado de la evaluación directa de las diversas opciones; también el Contraste de ideas, ya que permite comparar plataformas políticas sobre temas específicos y analizar cómo cada candidato planea resolver cada uno de estos problemas y, finalmente, evaluación de habilidades: ya que permiten observar la preparación, el manejo del estrés, la tolerancia a la crítica y la capacidad de argumentación de cada uno de los participantes. Por esta ocasión, nos quedamos sin debates.